Los niños palestinos duelen…los ojos vacíos,
el pavor de lo que pasa y el gritar entre otros gritos,
después, el terror y una mueca extraña eternizada de muerte…
Niños de manitos tiernas, que aún no han tomado un lápiz, ni dibujado un sol ni una paloma,
que aún no han amado, ni han podido cerrar sus puños, de impotencia…
Los han matado sin más…profanando sus cuerpos con tormentos,
y la sangre corriendo entre sus dedos, penetrando en sus uñas yertas.
Dientes asomados que se ensucian con la sangre dulzona que se ha vuelto reseca,
lágrimas con tierra, largas agonías,
cuerpos mutilados y sueños sin poder ser soñados ya por ellos…
Más allá, ojos vidriosos con alguna lágrima que no terminó de resbalar hacia el vacío,
tuvo miedo,
al ver esos cuerpos crispados ante la destrucción violenta.
¡Son niños!
Aún jugaban con amigos invisibles y observaban su alrededor con asombro,
aún les faltaba comprender que sucedía y sin embargo,
los exterminó en un segundo la guerra,
los bombardearon, agujerearon sus cuerpos, mataron a sus padres,
destrozaron sus pertenencias…
Eran niños iniciando sus destinos, comenzando a ver las nubes, los pájaros en círculos en días apacibles, las estrellas….y de pronto….
Desde ese mismo cielo, sin conocer aún nada de la vida,
conocieron la brutalidad inexplicable de los hombres en las guerras.
Febrero de 2009
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